Descubre el legado de Flor de Caña, un ron nicaragüense que combina tradición y sostenibilidad. Desde 1890, cada botella refleja la riqueza del volcán San Cristóbal y un compromiso con el medio ambiente.
“La paciencia no es una virtud, es necesidad”, solía decir Alfredo Francisco Pellas Canessa, el visionario detrás de la Compañía Licorera de Nicaragua. Desde 1890, en la mágica Chichigalpa, este legado familiar ha transformado la caña de azúcar en un ron que no solo se bebe, sino que se siente. Flor de Caña, su joya, es un testimonio de la dedicación y el respeto por la tierra que lo nutre. Cada sorbo es un viaje a través de la historia, donde el volcán San Cristóbal no solo es un paisaje, sino un aliado en la creación de sabores únicos.
La magia comienza en el suelo volcánico, que otorga a la caña de azúcar una riqueza mineral inigualable. Este entorno, junto con un clima que juega con las temperaturas, permite un proceso de añejamiento que es todo un arte. En barricas de roble blanco ex-bourbon, el ron respira y se transforma, desarrollando notas de caramelo tostado, vainilla y un toque de cacao que despiertan los sentidos. Pero Flor de Caña no es solo un deleite para el paladar; es un modelo de sostenibilidad. Con certificaciones de Carbono Neutral y Fair Trade, cada botella refleja un compromiso con el medio ambiente y la comunidad.
Desde el Flor de Caña 4 Extra Seco, ideal para cócteles vibrantes, hasta el Flor de Caña 25 Centenario, una obra maestra de complejidad, cada expresión cuenta una historia. ¿Te atreves a explorar la riqueza de Nicaragua en cada trago? Este ron no solo celebra la tradición; es un legado que invita a disfrutar de la vida con cada sorbo.
2 products



